miércoles, 7 de enero de 2015

XXI

Entonces apareció el zorro:
—¡Buenos días! —dijo el zorro.
—¡Buenos días! —respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vio nada.
—Estoy aquí, bajo el manzano —dijo la voz.
—¿Quién eres tú? —preguntó el principito—. ¡Qué bonito eres!
—Soy un zorro —dijo el zorro.
—Ven a jugar conmigo —le propuso el principito—, ¡estoy tan triste!
—No puedo jugar contigo —dijo el zorro—, no estoy domesticado.
—¡Ah, perdón! —dijo el principito.
Pero después de una breve refl exión, añadió:
—¿Qué significa "domesticar"?
—Tú no eres de aquí —dijo el zorro— ¿qué buscas?
—Busco a los hombres —le respondió el principito—. ¿Qué significa "domesticar"?
—Los hombres —dijo el zorro— tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas?
—No —dijo el principito—. Busco amigos. ¿Qué significa "domesticar"? —volvió a preguntar el principito.
—Es una cosa ya olvidada —dijo el zorro—, significa "crear vínculos... "
—¿Crear vínculos?
—Efectivamente, verás —dijo el zorro—. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo...
—Comienzo a comprender —dijo el principito—. Hay una flor... creo que ella me ha
domesticado...
—Es posible —concedió el zorro—, en la Tierra se ven todo tipo de cosas.
—¡Oh, no es en la Tierra! —exclamó el principito.
El zorro pareció intrigado:
—¿En otro planeta?
—Sí.
—¿Hay cazadores en ese planeta?
—No.
—¡Qué interesante! ¿Y gallinas?
—No.
—Nada es perfecto —suspiró el zorro.
Y después volviendo a su idea:
—Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sol. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.
El zorro se calló y miró un buen rato al principito:
—Por favor... domestícame —le dijo.
—Bien quisiera —le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.
—Sólo se conocen bien las cosas que se domestican —dijo el zorro—. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!
—¿Qué debo hacer? —preguntó el principito.
—Debes tener mucha paciencia —respondió el zorro—. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...

El principito volvió al día siguiente.

—Hubiera sido mejor —dijo el zorro— que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las
cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.
—¿Qué es un rito? —inquirió el principito.
—Es también algo demasiado olvidado —dijo el zorro—. Es lo que hace que un día no se
parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.

De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:
—¡Ah! —dijo el zorro—, lloraré.
—Tuya es la culpa —le dijo el principito—, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique...
—Ciertamente —dijo el zorro.
—¡Y vas a llorar!, —dijo él principito.
—¡Seguro!
—No ganas nada.
—Gano —dijo el zorro— he ganado a causa del color del trigo.
Y luego añadió:
—Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme
adiós y yo te regalaré un secreto.

El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:
—No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han
domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.
Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:
—Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mí rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.

Y volvió con el zorro.

—Adiós —le dijo.
—Adiós —dijo el zorro—. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.
—Lo esencial es invisible para los ojos —repitió el principito para acordarse.
—Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.
—Es el tiempo que yo he perdido con ella... —repitió el principito para recordarlo.
—Los hombres han olvidado esta verdad —dijo el zorro—, pero tú no debes olvidarla. Eres
responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa...
—Yo soy responsable de mi rosa... —repitió el principito a fin de recordarlo.



sábado, 20 de diciembre de 2014

6 AM

Viene el viento
golpea contra la ventana
y no me deja dormir

Comienzo a desplegarme
son las seis de la mañana
y todavía tengo sueño

Prefiero cuidar el tuyo
me escapo en soledad
desde aquí es mejor 

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Acaricié dolores

Escribí canciones
Que llevaban escrito tu nombre

Acaricié dolores
Que me hicieron quererte más
Volé a tu lado
Y descubrí mundos nuevos
Bese tus labios
Y eso fue el verdadero premio
Porque vales mucho
Mucho más de lo que te gusta creer
Y ahora pienso
Que no te voy a dejar de querer

Raro

Que no debería dejar
De decir lo que siento,
Lo que escapa al mandato
Del sentimiento


Posiblemente escapando
Podría encontrar un sosiego
Que ahora que lo pienso
Tampoco quiero


Habría que tener cuidado
De lo que se piensa
Mejor es decir que callar
Mejor es sentir que matar


Hablemos claro
Cuidemos lo que tenemos
Pero si te dijera que a veces
También me siento raro?

domingo, 7 de diciembre de 2014

Maldita distancia - 06/09/2014

¿Cómo consigo borrarte de mi mente
si llenaste con tu sonrisa mi amanecer?
¿Cómo no decirte esto que siento
si de besos inundaste mi atardecer? 
¿Cómo negarte este sentimiento
si te volviste el motivo de mi sonrisa?
¿Cómo no verte hermoso y más
cuando tu respiración es, a mi calor, una brisa? 
¿Cómo no extrañarte hoy que estas lejos
si extraño en esta cama tu cuerpo?
¿Cómo guardar esta lágrima en mis ojos
si ahora que no estás siento que muero? 

domingo, 8 de junio de 2014

Una y otra vez

Estás muy nervioso...

Vienes a mi cuando aún estoy con el, 
y no puedo tenerte, es tan injusto
Naci en marzo del 86, 
mi cumpleaños esta llegando, 
y si tuviera un deseo, ese serías tú

Cuando estás acá, me pierdo en tu boca,
tenés ojos marrones como ninguno, baby,
hacemelo de nuevo, una y otra vez, no te detengas.


El nunca me vio o esperó 
cuando estábamos juntos, nunca
La otra noche cuando estaba triste,
dijiste que lo sabías 
y mis ojos cambiaron de verde a azul...

Cuando estás acá, me pierdo en tu boca,
tenés ojos marrones como ninguno, baby,
hacemelo de nuevo, una y otra vez, no te detengas.

Dime que si yo lo dejara estarías ahí,
porque quizás podrías ser mío todo el tiempo.

viernes, 6 de junio de 2014

Cuencos

Es el mar en el cuenco de tus ojos
el cielo que alguna vez quiero alcanzar
Sentir que el mundo se ve de arriba
y quiero caer en gravedad

No quiero dejar de escucharte

no voy a cortar esta llamada
Mientras lees las palabras que escribo
escucho tu respiración

Y vas a decirme

que fue un atrevimiento
Y prefiero que sea así
a que creas que miento...